Skip to content
Habitos dentales en niños que hay que corregir cuanto antes

La succión del dedo, el chupete o determinadas formas de colocar la lengua son comportamientos habituales durante la infancia. Sin embargo, cuando algunos hábitos orales en niños se mantienen durante demasiado tiempo o presentan una intensidad elevada, pueden influir en la posición de los dientes, la mordida e incluso en el desarrollo de los maxilares.

Esto no significa que haya que preocuparse cada vez que un niño se lleva el dedo a la boca. Muchos de estos comportamientos aparecen de manera natural durante las primeras etapas del desarrollo y desaparecen progresivamente. Lo importante es observar cómo evoluciona el hábito, con qué frecuencia se produce y si comienza a generar cambios en la boca.

Las revisiones de odontopediatría en Córdoba permiten controlar el desarrollo de dientes y maxilares mientras el niño crece, detectar posibles alteraciones de forma temprana y orientar a la familia sin recurrir a medidas innecesarias cuando el hábito todavía forma parte de una etapa normal.

¿Qué son los hábitos orales en los niños?

Un hábito oral es una conducta repetitiva en la que intervienen estructuras de la boca, como los labios, la lengua, los dientes o los maxilares. Algunos tienen una función relacionada con el desarrollo temprano, mientras que otros pueden aparecer como mecanismos de relajación o mantenerse de forma inconsciente.

Su repercusión no depende únicamente del tipo de hábito. La frecuencia con la que se repite, la fuerza ejercida y el tiempo durante el que permanece pueden determinar si termina produciendo cambios en las estructuras orales.

Cuándo un hábito forma parte del desarrollo normal

La succión es un reflejo natural durante las primeras etapas de la vida. Además de participar en la alimentación, puede tener un efecto tranquilizador para el bebé. Por eso, la presencia de hábitos de succión durante los primeros años no debe interpretarse automáticamente como un problema.

La situación cambia cuando determinados comportamientos persisten a medida que avanza el desarrollo. En ese momento resulta conveniente valorar si están interfiriendo en la posición dental o en el crecimiento de las arcadas.

Más que establecer una regla rígida aplicable a todos los niños, resulta útil observar la evolución individual y aprovechar las revisiones dentales para comprobar si existe alguna repercusión.

Por qué la duración y la intensidad son importantes

Un hábito ocasional no ejerce el mismo efecto que otro que se mantiene durante muchas horas cada día. Tampoco es igual apoyar suavemente el dedo en la boca que realizar una succión intensa y repetitiva.

La combinación de duración, frecuencia e intensidad ayuda a explicar por qué dos niños con aparentemente el mismo hábito pueden presentar evoluciones muy distintas.

Hábitos orales infantiles más frecuentes

Succión del dedo

Chuparse el dedo es uno de los hábitos que más preocupa a las familias. En edades tempranas puede aparecer como una conducta de autorregulación y resultar especialmente frecuente al dormir, cuando el niño está cansado o en situaciones que le generan inseguridad.

Cuando persiste durante el crecimiento y se realiza con suficiente intensidad, la presión mantenida del dedo puede influir en la posición de los incisivos y en la relación entre las arcadas.

Por ello, el objetivo no debe ser castigar al niño, sino determinar si el hábito continúa siendo compatible con su etapa de desarrollo y ayudarle a abandonarlo progresivamente cuando sea necesario.

Uso prolongado del chupete

El chupete también forma parte de la primera infancia en muchas familias. El problema no reside exclusivamente en utilizarlo, sino en mantener el hábito durante demasiado tiempo y con una frecuencia elevada.

Su presencia entre las arcadas puede condicionar la posición de los dientes mientras estos erupcionan. Si el uso se prolonga, puede favorecer determinadas alteraciones de la mordida que deberán ser controladas durante las revisiones.

Respiración oral

Un niño que permanece habitualmente con la boca abierta o respira predominantemente por ella merece una valoración específica. A diferencia de la succión digital o del chupete, la respiración oral no debe abordarse simplemente intentando que el niño «cierre la boca».

Puede existir una causa que dificulte la respiración nasal y que necesite ser estudiada por el profesional correspondiente. Además, cuando este patrón se mantiene durante el crecimiento puede relacionarse con cambios funcionales y con determinadas características del desarrollo orofacial.

Deglución atípica o empuje de la lengua

La lengua desempeña un papel fundamental en funciones como hablar, masticar y tragar. Cuando durante la deglución ejerce una presión inadecuada contra los dientes o se interpone entre ambas arcadas, puede contribuir al mantenimiento de determinadas alteraciones de la mordida.

En estos casos es importante analizar el problema de forma global. No basta con observar dónde está situada la lengua en un momento concreto, sino que debe estudiarse cómo funciona y si existe relación con otros hábitos o alteraciones.

Morderse las uñas, labios u objetos

Morder lápices, bolígrafos, uñas o los propios labios son conductas frecuentes en algunos niños. Cuando se producen ocasionalmente suelen tener poca trascendencia, pero su repetición intensa puede ejercer fuerzas innecesarias sobre dientes y tejidos.

También pueden ser una manifestación asociada a momentos de aburrimiento, concentración o nerviosismo. Identificar cuándo aparecen ayuda a la familia a intervenir sobre el comportamiento sin convertirlo en una fuente adicional de tensión para el niño.

¿Cómo pueden afectar estos hábitos a dientes y maxilares?

Los dientes y los huesos maxilares infantiles están en pleno desarrollo. Las fuerzas mantenidas durante periodos prolongados pueden modificar determinados equilibrios entre lengua, labios, mejillas y dentición.

La repercusión concreta dependerá del hábito y de las características individuales. Entre las alteraciones que pueden aparecer se encuentran cambios en la posición de los incisivos, mordida abierta o modificaciones en la relación transversal de las arcadas.

La buena noticia es que detectar un hábito antes de que produzca cambios importantes permite intervenir de una forma mucho más sencilla. Incluso cuando ya existe una alteración, abandonar el hábito durante una etapa adecuada del crecimiento puede favorecer una evolución positiva en determinados casos.

Por eso, el objetivo de la odontología infantil no es buscar problemas donde no los hay, sino acompañar el desarrollo y actuar en el momento adecuado. Corregir un hábito a tiempo puede ser mucho más sencillo que tratar años después las consecuencias que haya podido generar.

Volver arriba